Sé que mi voto apenas cuenta en el desierto de los votos que no cuentan. Valgan como ejemplo todas las votaciones en las que he participado a lo largo de mi vida (incluidas las políticas, ji, ji), nunca han coincidido con las de la mayoría. Pero al menos, me fastidiaba, concienciaba, resignaba y adaptaba porque había perdido en terreno conocido, en mi geografía cotidiana: el cole, el trabajo, mi comunidad de vecinos, España... Lo que no acabo de tragar es por qué ahora tengo que acatar que Sarkozy y Merkel sean el dueto que dirija, decida y escriba las normas del juego por las cuales mi vida estará más o menos jodida de lo que está ahora. Pido voz en este asunto, es mi derecho, aunque vaya a servir para mucho.

¡Qué bonito es el amorrrr!
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