09 julio 2009

Adiós al vecino

Se suicidó mi vecino del 3º. Ayer me enteré de que se llamaba Pedro, después de más de 10 años intercambiando con él en la escalera, algún que otro “Hola” o un “Buenos días”. Antes, a lo largo de esa más de una década, nunca había necesitado llamarle de ningún modo. Estoy en shock, impresionada en varios sentidos. El primero (ombliguismo al poder), es mi talento o mi talante para desentenderme de lo que ocurre casi en mis narices. Me explico. Mientras el hijo del finado, que compartía techo con él, regresaba de unas cortas vacaciones, abría la puerta de casa, se topaba con el cadáver, al instante salía despavorido y soltaba uno o varios alaridos de dolor que dejaban a El Grito de Edvard Munch como una burda caricatura, yo me encontraba ante mi ordenador buscando un sitio rural de playa en el que se admitieran perros para fugarme durante unos días. Entonces, fui a la cocina en busca de agua y Bubu (el más sabio de mis chuchos) soltó un extraño y timido guau junto a la entrada, advertí que fuera estaba pasando algo. Espié por la mirilla y sí, pasaba. Todos mis vecinos del 4º y 5º piso se encontraban reunidos en el pasillo engasados en murmullos. Intrigadísima abrí la puerta y solté: “¿Qué ocurre?” Todos me miraron cual si fuera marciana, incrédulos y atónitos por mi pregunta, y una vecina –porque en las situaciones límites siempre hay alguien de armas a tomar– me respondió secamente: “Pedro se ha suicidado”. Las caras de desconcierto y odio que pusieron cuando proseguí con “Y ¿Quién es Pedro?”, me hizo comprender al instante: primero, que realmente soy una alienígena para ellos, ya que no vivo en su mundo, y segundo que acababa de insultar al suicida al condercorarlo como el “anónimo perfecto” después de años compartiendo portal. Jamás seré una de esas personas que aparecen en los telediarios aportando su punto de vista humano ante una noticia atroz consiguiendo así esos cinco famosos minutos de gloria a los que aludía Wharhol. En el momento del macabro hallazgo, el escándalo (que nunca oi) fue bastante mayor, acorde a los sucesivos gritos de espanto de todos los que iban enterándose del tema. Ya, aceptada en el corrillo, entre los que se encontraban dos vecinos que habían acudido en socorro del hijo y habían entrado en su casa donde estaba el cadáver, me enteré de casi todos los detalles del suceso. Pedro estaba sin trabajo, triste y deprimido. Supongo que carente de otros métodos más delicados a su alcance –sogas, pistolas, somníferos, vías de tren…– Pedro (me hace sentir un poco mejor escribir varias veces su nombre como homenaje póstumo) acabó con su vida, clavándose un cuchillo de cocina en la boca del estómago. Harakiri a la española. Eso sí, dejó una nota en la que ponía que era un inútil, que no servía para nada y pedía perdón a sus seres queridos por lo que iba a hacer. Su vástago, antes de viajar le había dejado al cuidado de su perro que, según me enteré, llevaba dos días aullando con pesadumbre, sin que ni mi trío canino ni yo, diéramos acuse de recibo –y para eso, los cuatro somos muy perros–. ¿Crónica de una muerte anunciada? En todo caso, desoída por mi parte. Mirada la situación con un mínimo de objetividad, Pedro hizo lo que hizo sin contemplar los posibles efectos colaterales: dejar al perro sin pasear durante no sé cuántos días, llenar a su hijo de una eterna culpabilidad –el chaval se repetía “Si no me hubiera ido, esto no hubiera pasado” y obligarle a buscar un nuevo alojamiento a toda leche –con maletas, novia y can incluido– porque ¿Quién quiere dormir en el escenario de un crimen? Otra de las cosas que me llamaron la atención fue la reacción de los vecinos, que empezaron con las conjeturas de que si se podría haber clavado el cuchillo él mismo, porque era necesaria mucha fuerza y Pedro muy esparraguito frágil y pequeño difícilmente podría haberlo hecho; que la sangre estaba muy seca, signo claro de que llevaba muerto bastante tiempo, que si el pestillo de la puerta estaba a medio cerrar… Y bla, bla, bla. La cultura televisiva de CSI, en este caso Madrid. Otra de las vecinas, a la que no le gusta pasar desapercibida y que pa’ eso una tiene eso’ ojazo azule que tiene e incandilan, decidió que con la excusa de bajar a sus cinco Yorkshires a hacer el último pipí, debía desfilar,a ritmo de múltiples y agudos ladriditos, con sus shorts rojos y su camiseta con tirantes, ante los miembros de la policía científica, la Nacional, los forenses y la jueza and cia. que venían a hacer el levantamiento del cadáver . La meta, intuyo sería hacerse ver e intentar mirar. “No sólo hay cosas desagradables en este edificio…” supongo, “vuelvan cuando quieran, aquí estaremos los que sigamos vivos, pese a todo…” A veces siento ganas de escribir una tesis sobre sociología, pero tengo demasiado tiempo que perder pensando en qué me gustaría escribir para dedicarme a ello. Pero retomando esos pequeños detalles que te llaman la atención en situaciones como ésta, en cierto instante me quedé aparentemente "ciega" y mis oidos fueron la única herramienta de conexión con la realidad. Normal, había llegado a la etapa de reflexión: “No somos nada”, qué habrá pensado Pedro –si es que pensó algo– en el momento de su auto-asesinato, si su fantasma como el de Canterville seguiría rondando el edificio eternamente, cuántos cadáveres de distintos colores, tamaños, muertes y otras características, habían sido trasladados en la camilla que traían los de la funeraria, sí estaría limpia y “claro, no necesita ser especialmente cómoda”… Y así, mientras mi cabeza volaba y mi mirada se perdía en la nada, escuchaba la banda sonora de fondo de toda esta trama (como ocurre en cualquier película de acción que se precie). Las notas musicales las ejecutaban el gato de una vecina, abandonado y encerrado en su casa no paraba de maullar; los extraños gruñidos del perro del hijo, víctima y actor secundario de este thriller, notablemente alterado, los flashes de las fotos que estaba tomando la Poli; los llantos reprimidos de la gente que quería y conocía a Pedro; los pasos en la escalera de los que iban y venían y el silencio de la luna llena. Extraños animales que somos los humanos. Ayer me enteré que mi vecino, el suicida, se llamaba Pedro, pero ya no podré demostrarle que ahora sé su nombre. Y finalmente, ahora que ya he reservado un sitio de playa en Cantabria, para fugarme, descansar y recuperarme del shock vecinal junto a mis perros, podré enterarme de lo que pasa fuera de mi puerta. PD: Vale, lo confieso, aunque quede fatal. No estoy muy segura si me dijeron que se llamaba Pedro... Puede que fuera José.

28 junio 2009

Despido (inminente) procedente

En esta época en la que los despidos están a la orden del día, creo que los políticos se olvidan que son unos asalariados, cuyos jefes somos nosotros. Si estuviera en mis manos, ya los hubiera mandado a la puta calle hace muchas riñas de gallinero (el Congreso) absolutamente inútiles. No sólo no les indemnizaría, sino que intentaría que no cobraran el paro. ¿Recordarán lo que es ser un ciudadano de a pie? Se darían cuenta de que en general estamos hartos de tanta tontería. De un lado y del otro se tiran misiles y no encuentran soluciones. Tanto en el caso del PP como del PSOE, estamos aguantando un poco más de lo mismo día a día. A mí me encantaba House, pero deje de mirar la serie porque en cada episodio repetían la misma fórmula sin aportar nada nuevo. Lo mismo pasa con Zapatero y con Rajoy, ambos se deben mirar al espejo, en plan Obama, y se deben decir a sí mismo: "Sí, tu puedes" y espejito, espejito quién es el más espabiladito, para invariablemente no encontrar una fórmula de sorprender gratamente a sus jefazos (nosotros). Acabo de escuchar en las noticias que, según una última encuesta, Mariano le ganaría a Pepe Luis en intención de voto de los ciudadanos. Es bastante probable que él crea que se debe a que lo está haciendo muy bien, yo diría que todo es consecuencia de que el otro lo está haciendo demasiado mal. Nada nuevo bajo el sol, los mismos chulitos de siempre -eso sí, con diferente talante- mostrando su plumaje. Mi intención de voto murió asfixiada por la impotencia, la desesperación y las náuseas que me provocan estos amebos del bipartidismo español. Si existe un problema lo suyo es buscar una solución (por más utópica que pueda parecer), materializo una coalición entre Rosa Díez y María San Gil, dos mujeres que supieron decirles ¡abur! a sus respectivas formaciones -supongo que extenuadas de tanta memez- para pensar por sí mismas. Conocen lo mejor y lo peor de cada partido, se intoxicaron e hicieron una cura de desintoxicación. Ya no están enganchadas y PIENSAN. Las creo capaces de rescatar una nuevo fórmula. Yo les daría un margen de confianza y desde luego, mi voto.

15 junio 2009

Pregunta del día

¿Recuerdas un minuto histórico de tu vida?

Esta es la nueva pregunta que he rescatado de mi sesera, para hacerle a todos mis futuros entrevistados.
¡Menuda preguntita! Buena, pero complicada de responder
Pensando y escarbando en mi memoria, tras varios rodeos, recuperé uno de esos instantes mágicos que cambiaron mi vida, aquí va:
Acababa de aterrizar en Mallorca, dónde me había lanzado por puro flechazo con el entorno, y había decidido que ese era el sitio en el que quería vivir. Madrid, deshidratada, entonces, era una agonía. El problema era que mi amor por la isla, no estaba compensado, con la cruda realidad: no sabía ni tenía de qué vivir. Un generoso nuevo amigo alemán, que me había alojado en su casa del Puerto de Andratx (a cambio de ser su intérprete con el exterior en español), decidió que él era artista, concretamente la reencarnación de Joseph Beuys y que haría una exposición en la terraza de su maravilloso chalet. Yo tenía que comunicar la fecha de inauguración de la muestra a los periódicos locales, para que le dieran al evento la mayor repercusión posible. Les llamaba desde una cabina del Port (hablamos de hace más de 20 años), y todos tomaban nota de la noticia y me agradecían el detalle. Todos, menos uno: El Día. Le estaba contando la historia al redactor jefe y él, muy cortesmente me suelta: "La exposición nos interesa mucho, pero no tenemos a nadie que se ocupe de la materia ¿La podrías escribir tú?" (That's it!!!!!!, mi minuto de oro). No sé cómo no destrocé el techo del limitado reducto de Telefónica de los saltos que daba de incredulidad y alegría. Escribí la dichosa crónica y, a partir de entonces, me convertí y desarrollé la función de crítica de arte durante mucho, muuuuuuuuuuucho tiempo.
PD: Espacio abierto a otras historias sobre esos sesenta segundos memorables que toda existencia debe tener al menos, una vez.
Por ejemplo: este es "el minuto de oro" de mi querida Cris:
"Por cierto.. lo he estado pensando y ya tengo mi momento historico.  Te cuento   Fue en Colombia en el Amazonas en el municipio de Arauca. Andabamos haciendo trabajo de campo para asesorar la idoneidad de la ley de fronteras y de repente nos topamos con un grupo de las Farc que andaban por alli. Pense – “ya esta, hasta aqui hemos llegado”.  Me entro la risa histerica y solo podia pensar “joder que forma mas gilipollas de morir” o “estos ahora me raptan y me toca quedarme en esta selva infectada de mosquitos donde no duro viva ni un mes” (con lo delicada que yo soy que todo me pica).  Al final me dijeron que no hablara para que no detectaran mi acento, los tipos nos pidieron dos botellas de ron, nos preguntaros que andabamos haciendo y se fueron tan contentos.   A partir de ahi creo que me relaje totalmente.  Cuando volvi a Madrid deje la politica y las cosas muy serias. Solo se vive una vez y cualquier dia la luz se apaga y al carajo. Carpe Diem! Ese es mi lema desde aquel momento historico de mi vida. Epicurea que me hice vamos". 

10 junio 2009

Frase del día, tras el primer café

"No te cases con la vida, acabará poniéndote los cuernos".

17 mayo 2009

Fecha de caducidad

"Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina. tengo que comprender no es eterna la vida, el llanto de la risa allí termina. Creías que el amor no tenia medida, o dejas de querer, tal vez a otra mujer. Y olvide aquello que una vez pensaba que nunca acabaría, nunca acabaría pero sin embargo termino. Todo me demuestra que al final de cuenta termino cada día, empiezo cada día pensando en mañana, fracaso hoy… "

Así comenzaba una canción de 1969, escrita e interpretada por un grupo argentino que, a falta de ninguna idea más original para el nombre de su banda, optaron por “Vox Dei” (o sea, la Voz de Dios). Todo esto viene a cuento tras protagonizar un momento tan trascendental -especialmente en domingo, cuando alejarse del sofá es una gran muestra de valentía- como es tener que decidir el destino de un yogur caducado hace dos días. A lo largo de mi existencia he llegado a la conclusión de que la vida trata básicamente de tomar decisiones. Elijas A, B ó C, va a suceder lo que tenga que ocurrir exactamente cuando ocurra. El tiempo dirá si lo que has hecho ha sido una buena o una mala elección. Retomando la historia del, digamos Danone, hay varias opciones: Comerlo y sentir que uno juega a una especie de Ruleta Rusa light; tirarlo al cubo de basura con cierta mala conciencia por lo feliz que podrías hacer a alguien que no tiene qué comer; dárselo a tu perro “total con todas las porquerías que come por ahí…” o dejarlo en la nevera, porque con este sol, hoy no estamos para conflictos ya, cuando tengamos las ideas más claras, haremos lo que haga falta, aunque para entonces, quizá sea el lácteo, todo lleno de moho, el que haya decidido su propio destino. ¿Qué tiene que la canción de Vox Dei con la historia de un yogur en vías de extinción? sobre todo cuando todo el mundo está aterrorizado con la crisis, sencillo:

LA FECHA DE CADUCIDAD. “Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina”. El error en que solemos caer el 99,9% de los seres humanos –quizá por pura envidia de no tener una fecha de caducidad garantizada, al no ser industriales- es no aceptar la frontera entre lo que fue y lo que ya no es. Me refiero a nuestra relación con TODO: infancia, adolescencia, amor, amistad, trabajo, mentiras, buenos propósitos, paciencia, esperanza y por supuesto con nosotros mismos. Tratar de prolongar artificialmente lo que ya no es recuperable es sólo un ejercicio de masoquismo. Creo que por ser domingo, me afilio al club de Serrat que en 1983 cantaba: Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti. Dale el día libre a la experiencia para comenzar, y recíbelo como si fuera fiesta de guardar. No consientas que se esfume, asómate y consume la vida a granel. Hoy puede ser un gran día, duro con él. Hoy puede ser un gran día donde todo está por descubrir, si lo empleas como el último que te toca vivir. Saca de paseo a tus instintos y ventílalos al sol y no dosifiques los placeres; si puedes, derróchalos. Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad. Hoy puede ser un gran día date una oportunidad. Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar. Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti. No lo mires desde la ventana y siéntate al festín. Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día y mañana también. Hoy puede ser un gran día duro, duro, duro con él.

P.D.: El yogur caducado lo utilicé como compost para la tierra de mis tiestos.

08 mayo 2009

Tras los pasos de Frankeinstein

El otro día me enteré que la divina Elsa Pataky tiene ojos marrones y que lleva, desde… siempre, unas lentillas azules, las mismas que usa Paris Hilton que ¡Oh surprise! también tiene ojos pardos. Pero luego me contaron que ni la nariz, ni los pómulos, ni el mentón, ni los pechos que luce la actriz con toda naturalidad son los originales. Vamos, que entre lo que parió su mami y lo que es la chica en la actualidad, hay mil tratamientos y operaciones estéticas de distancia. Elsa Pataky podría ser perfectamente la hermana pequeña de Susan Boyle. Pero mientras esta última pretende enamorar al respetable, con el virtuosismo de su voz, la primera –cuyas artes interpretativas son cuestionables– pretende embelesarlo con un estudiadísimo diseño de packaging profesional. Ambas opciones son válidas. Discutibles serían otros casos. Por ejemplo, el de la española Naty Abascal, al igual que el del argentina Mirtha Legrand, que pretendiendo que sus fans crean que sus encantos se deben a la generosidad que la Madre Naturaleza ha tenido con ellas –y no a la conservación en formol- por si acaso, han hecho que sus hermanas mellizas pasen por los mismos cirujanos para que nadie ponga en duda la autenticidad de a sus ilusas imágenes. También se podrían poner en tela de juicio posturas como la de Miguel Bosé o Nicole Kidman, que siguiendo la estela del Dorian Gray de mi adorado Oscar Wilde, han intentado eternizarse en una determinada imagen de su carrera estelar y, a excesos de estiramientos y bótox, ya van por la vida como elaborados photoshops –sin gestos- andantes, vivitos y coleantes. Pobres, ni ellos son ya ellos. ¿No es un poco ridículo que se cree controvesia sobre la ética o moralidad del estudio de las células madres o la clonación?  ¿Qué ha sido de eso de que Dios nos hizo a su imagen y semejanza ? Ahora, los avances de la ciencia, en todas sus vertientes,  han convertido sus pretensiones de ser un modelo a imitar, en una más de las posibilidades más de la lista…  En 1818 Mary Shelley inventó a Víctor Frankestein que, a su vez, quiso inventar al hombre perfecto, o más o menos. El tiro le salió por la culata, ya que la criatura recauchutada con materiales humanos de segunda mano le quedó más fea que un sapo feo… ¡Qué tiempos aquellos!

Hoy por la mañana, recién levantada, tras quitarme las legañas y mientras me cepillaba los dientes, me encontré conmigo en el espejo y me alegré con mis ojos inchados, mis bolsas, mis arrugas, mis dientes con un esmalte nada radiante, mis asimetrías y todas esas imperfecciones  acordes con los avances de mi existencia. Son sólo mías e intransferibles porque, afortunadamente, estoy echa a mi propia imagen y semejanza.

20 abril 2009

Mis héroes: las ovejas de Japón

El otro día una amiga me comentó que las ovejas en Japón pasan de ir en rebaño. Cada una de ellas pasta por los montes a su bola.

También, hace poco, mi hermana me soltó por teléfono, entre el deconcierto y la admiración «Vos pensás » (made in Argentina). Su afirmación me hizo pensar : "¿Yo pienso ?".  Desde luego, sino ¿Qué otra cosa puedo hacer ? Y pienso que todo el mundo piensa. En todo caso, lo que nos diferencia a los unos de los otros es el modo de pensar y la temática. Sobre la manera, y en un sentido metafórico, hay lineas, segmentos y puntadas de pensamientos, Pueden ser más profundas, sumergidos, flotantes, superficiales y volátiles. Respecto a las formas, los hay poligonales, cónicos, asimétricos, asimétricos, en forma de caracol, en ocho de infinito, multidimensionales o planos. Y metiéndonos con la temática, creo que existen tres divisiones básicas. A.- los que abarcan mucho, B.- los que se dedican a temas necesarios y C.- los que sólo usan sus neuronas en lo instintivo. Un ejemplo : Tenemos un campo, hay un conejo buscando comida, una casa a lo lejos, estamos bajo un manzano, llueve y sopla mucho viento. El caso A.- Resumiendo la idea, le dedicaría el tiempo a cada uno de los detalles, dándole todas las vueltas posibles. Cómo siente el viento en su cuerpo, cómo la lluvia le está calando los huesos, lo bello que es estar vivo para percibir las cosquillas de las gotas en su cuerpo y disfrutar con el sonido del temporal, evocaría ese romántico viaje a Venecia, cuando bajo una tempestad besó por primera vez al gran amor de su vida, quiénes serían los afortunados moradores de la casa, si él sería capaz de vivir en un paraje por el estilo, ¡pobre conejo, qué mal lo debe estar pasando ! pero lo genial que es el agua para los cultivos, se compadecería de Adán, figurándose su desamparo ante el poder de la naturaleza, se inmaginaría escribiendo una nueva versión del Génesis, fantasearía qué historia podría contar a los niños para hacer grandioso el instante y dejarles con la boca abierta y, finalmente, se comería una manzana. El caso B.- Estudiaría el entorno, contemplaría la posibilidad de llegar a la casa para salvaguardarse de la tormenta y poder llamar a alguien para decir que está bien y, con toda probabilidad, se llevaría la manzana para comerla en el camino. En cuanto al caso C, maldeciría el momento en el que se le ocurrió salir al campo, se cabrearía por haber dejado el móvil sobre la mesa, se reprocharía ante la posibilidad de no llegar a tiempo a su trabajo y, enfadado, seguramente se comería la manzana. Es sólo un esquema, pero da para escribir una enciclopedia.

Siguiendo con la línea de pensamiento, porque según mi hermana yo pienso mucho, creo que lo de pensar se va acabar. Me viene a la cabeza WALL·E ¡Qué peli tan maravillosa y deprimente ! Es un largometraje de animación por computadora, de ¿ciencia ficción ?, que narra la historia de un robot, el único superviviente de una fuerza de limpieza de la Tierra que, 700 años después de haber sido abandonado por los humanos, recibe la visita inesperada de otro robot explorador que busca vida en el olvidado planeta. Es una época en la que la matemáticas, la lectura y otros conocimientos supérfluos delegables en la tecnología de las máquinas, han sido erradicados en beneficio del confort y la liviandad del disco duro de las personas. Ya nadie lee, nadie sabe cuál es la raíz cuadrada de 124 y menos que menos solfeo. El resultado del conocimiento es oral. Es una época en la que no se necesita pensar y la gente ni siquiera se mueve para conseguir nada. Viven obesos transportados en cómodos sofás que les solucionan toda sus necesidades… De ahí, al retorno de Adán y la búsqueda del fuego, un apagón general e irreparable y vuelta a empezar. No será cuestión de ahogarnos en un vaso de agua, porque entonces el H2O de nuestro de cada día será un objeto de lujo…

Pienso que en Japón hay algunas ovejas que no se dejan llevar por el rebaño. Pensar mantiene mi mente ocupada para no preocuparme en qué pensar. Es pura cuestión de precalentamiento y entrenamiento para si por casualidad, en el camino, me encuentro con otro ser tan « extravagante » como yo. Sería una descortesía darle los « Buenos días » sin un verdadero fundamento.

18 marzo 2009

Uy, uy, uy... ¡Pobre lince!

"Los obispos españoles han presentado una campaña muy crítica con la reforma del aborto que prepara el Gobierno en la que se denuncia que especies animales, como la del lince ibérico, gozan de mayor protección que los no nacidos. En las vallas publicitarias, se presenta a un niño junto a uno de esos cachorros de lince bajo el lema: "¿Y yo? ¡Protege mi vida!" . El Mundo, 16/03/09
Y yo que soy muy creyente de lo que creo, digo:
Los que están en contra del aborto, que no aborten.

Los que no están en contra del aborto, que aborten.

Los que creen que el bebé del anuncio, fue fotografiado antes de que a su madre le practicaran un aborto, deberían haber sido abortados en su momento.

Los que creen que la Iglesia tiene interés en que no se aborte, por que el que no llora no mama, y si nacen más bebés protegidos, podrán captar futuribles socios junior para sus filas (conservando sangre fresca en sus confesionarios, entre sus pupilos, sus manos y... ), se preguntan quién habrá pagado la publicidad.

Pero que se sepa, ninguna hembra lince jamás se habrá planteado abortar o no. En el peor de los casos, con nuestras artes humanas abortamos su y nuestra naturaleza. Precisamente porque quedan muy pocos de estos gatitos, hay que protegerlos de nosotros: Los buenos samaritanos.

Sólo espero que Dios no ampare, que con la santidad que caracteriza a los presuntos representantes que dejó en la tierra, éstos la caguen y permita que los contados linces que aún quedan pululando por tierra íberas, puedan ser apreciados vivitos y coleandos por todos los niños que nazcan a partir de ya. En esta sociedad eso de no proteger(nos) se nos da muy bien.

Según dicen, a los fundamentalistas se les critica, entre otras cosas, por no entender que cada uno puede hacer con su vida lo que mejor le parezca (especialmente las mujeres), y por no respetar a los que piensan de distinta manera... Estoy confusa: ¿Qué religión es la que lanza estos mensajitos?

20 enero 2009

Todo en marcha

2009 pinta bien. No voy a dejar de fumar ni me voy a poner a dieta. Intentaré ser mejor persona. En cuanto al resto: Primer objetivo: Bush ya no está. Cumplido Segundo objetivo: Obama ya es presidente. Cumplido Tercer objetivo: que Obama siga vivo. Habrá que verlo... Cuarto objetivo: que pueda cambiar algo la mentalidad yankee. Habrá que verlo... Quinto objetivo: que lo haga bien. Cumplido, nadie ha sido capaz de hacerlo tan mal como Bush

16 noviembre 2008

La ONU de Barceló

Ahora entiendo cuál es la función de la sede de la ONU en Ginebra... Dar un lugar de excepción al arte. Genial. Lo ideal sería que también fuera igual de efectiva y útil a la hora de frenar los desbarajustes del mundo.

20 octubre 2008

Pura verdad

Los abrefácil hacen que mi vida sea mucho más difícil.

21 agosto 2008

Delirios estivales

La Justicia es un invento de los humanos, hacemos y deshacemos leyes a "nuestra imagen y semejanza". Entonces ¿cómo nos podemos quejar de que sea injusta? Que liberan a un violador, a un terrorista o un maltratador o que encierran a un conductor que se saltó un semáforo... Nos lo guisamos, nos lo comemos y lloramos porque es gratis ¡Con las pocas cosas gratis que van quedando! Hablando de injusticias, pasaba yo por la esquina del PP de Génova (rumbo a otro destino desde luego), y se me ocurrió controlar en el cristal de su escaparate si mi "tocado" matinal, realizado sabiamente por mi almohada durante la noche, estaba en su natural desorden estético ¡Horror! No vi mi reflejo en la vitrina sino una amplia colección de libros firmados por Nicolas Sarkozy en las estanterías. De un modo automático pensé en el enano galo, luego en Astérix, Idefix, Laetitia Casta –mero objeto exhuberante en la saga del cómic–, pasé a Carla Bruni, llegué a Obélix y aterricé en Rajoy y por un momento Norma Duval y Sofía Mazagatos desfilaron entre mis ideas. Las imaginé posando en la puerta de La Moncloa ¡¡¡Uffffff!!!! A pesar de los casi 40º que marcaban los termómetros en la calle, me entró un escalofrío. Me puse las gafas, encontré mi reflejo en el cristal y vi que estaba tan despeinada como cada día. Me alegré que las cosas estuvieran como siempre.

10 julio 2008

Aeropuertos: ¿cómo puedo seguir fumando?

08 julio 2008

Metro de Madrid: madriguera peligrosa

Todas las mañanas me encuentro con la sociedad endeble, indefensa, inerme, desvalida, delicada, débil, frágil y descaradamente dormida. Yo preferiría quedarme en cama un poco más, hasta que la cosa se calme y la gente haya tenido tiempo de enfundarse su disfraz de personas respetables y respetuosas, pero mi cita con el Metro es (relativamente) precisa en cuanto a la hora. Es en esos vagones atiborrados de olores a aburrimiento, desolación, resignación, resentimiento, hartazgo, sueño mucho sueño y con alguna que otra esencia a felicidad, donde los humanos dejamos al descubierto nuestro lado más animal. Somos instintivamente territoriales: “este hueco casi pegado a las puertas, si no fuera porque los que se apoyan en ellas tuvieron la fortuna de subir una cuantas estaciones antes que yo, ¡Es mío! ¿Cómo te atreves a meter tu bolso en mi espacio? ¿Sabes qué, pedazo de Dumba de dietas frustradas? Así, con apenas disimulo, le metería un buen tajo a tu divino Prada de pega para que todas las cosas que llevas dentro se desparramaran por el suelo. ¿Es que este imbécil no tiene otro sitio dónde leer el periódico? Cada vez que pasa una página me da un codazo, que debo evitar compaginándolo con los aleteos de una mano que asoma con un abanico. Tú, atontadito irrecuperable, te merecerías un par de semanas de gatillazos intermitentes. ¿Y esta listilla? Yo aquí, cual una estaca esperando que se desocupe un asiento para evitar pisotones, y ella, conectada a sus cascos a todo volumen y desconectada de los demás, recién llegadita va y se sienta, como si el banco fuera el trono que le estaba esperando. ¿Sabes qué, proyecto de adulta descartable? Ojalá pilles a tu madre, o mejor a tu padre, enrollándose con tu novio… Y luego, llega la visión de la masa global: somos como un camión cargado de cerdos, de vacas o de gallinas apretujados, según haya sido el despertar. Parecemos un mar o un campo de cabezas, unas más evidentes que las otras que, para su infortunio y perdidas entre trajes grises y sudor, son víctimas de la baja estatura de sus cuerpos y no alcanzan a asomar a la superficie. Ya que están podrían morir asfixiadas, nadie se enteraría y así habría más sitio. A las más visibles se las podría sesgar con una hoz (para mantener fuerte la cosecha) o volarlas con un balazo para entrenarnos en el tiro al blanco. Como broche final de este listado (que podría extenderse hasta llenar un libro gordo), la contaminación sonora. Risas que suenan a tiza raspando pizarras, sinfonías incongruentes de variopintos Mp3 que parecen estar más en una sala de conciertos que sonando para un par de orejas y luego las conversaciones circunstanciales, en plan loritos y lorazos, de las que si estuviera más despierta tomaría nota para escribir una "Enciclopedia del Culebrón". Podríamos mencionar los tufos a mal aliento, pedos insostenibles, alcoholes tempraneros, perfumes baratos abominables, nicotina adherida y profundizar en otros aspectos, pero la idea ya está plasmada. En el metro de Madrid todos somos bestias impúdicas, y yo, la peor. Cada mañana nos insulto mentalmente de un modo obsceno e indecoroso y nos echo toda clase de maldiciones: gitanas, búlgaras, rusas, italianas, españolas, celtas y de las que ahora no se me ocurren porque ahora, afortunadamente, ya no es de mañana, he acabado de trabajar y no estoy bajo, sino sobre las calles de la ciudad. Soy libre. Disfruto de la libertad de moverme sin rozar a nadie, aspirando a mis anchas el contaminado aire madrileño. Eso sí, mis pulmones se están quejando, pero no importa, no los oigo, voy con los cascos y la música a todo volumen.

26 junio 2008

La ministra de Igualdad no tiene igual

¿Es que el Gobierno no sabe en qué tirar el dinero que nos falta a todos? ¿Es que tiene algún sentido crear un Ministerio de Igualdad, cuando ya existen varias carteras tan inútiles e ineficaces (bueno, no tanto) como ésta, de generación espontánea e inexplicable? ¿Es que el presidente ha hecho alguna promesa extraña a un Santo o tiene un compromiso familiar con la madre, el padre, la tía o el vecindario de esta brillante ministra? ¿Es que Bibiana Aído llevaba mal el que nadie se fijara en ella, y es de las que piensan que “mejor que hablen de mi, aunque sea mal? Apareció como por arte de magia, cual un conejo saliendo de la chistera (puro chiste) de un mago... Si desde el Ministerio de Igualdad se llegara a pretender que todos fuéramos iguales de “iluminados” que la cabeza ¿pensante? que lo dirige, no habría fabricante de pañuelos de papel que alcanzara a producir la cantidad suficiente de kleenex que yo necesitaría para secar mis lágrimas de desesperación? Me pregunto: ¿Igualdad será sinónimo de feminismo? La Real Academia Española me responde: Igualdad: 1. f. Conformidad de algo con otra cosa en naturaleza, forma, calidad o cantidad. 2. f. Correspondencia y proporción que resulta de muchas partes que uniformemente componen un todo. 3. f. Mat. Equivalencia de dos cantidades o expresiones. Ante la ley. 1. f. Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos. De ánimo. 1. f. Constancia y serenidad en los sucesos prósperos o adversos. De feminismo o de mujeres aquí no mencionan nada. Si Yo, como diría la Pantoja, en sus épocas de gloria “Yo soy esa”, soy mujé (y me encanta) y difícilmente me podría identificar con la sagaz Bibianita, las prioridades que ella propone como Miembra del género femenino y menos que menos con la sarta de trivialidades que suelta cada vez que abre la boca. Aparentemente su ministerio nada tiene que ver con la renovación del lenguaje, para eso está la Real Academia Española y en todo caso los literatos o expertos en el tema. Si hubiera que hacer algo para equilibrar las desigualdades de la sociedad, yo arrancaría por equiparar el bienestar de los contratados con el de los autónomos, el no abuso de explotación y mal pago de los imigrantes, el respeto por los derechos de los animales... Habría tantas cosas hambrientas de un tratamiento rasero de justicia. Ella es una afrenta a la inteligencia en todos los sentidos imaginables y en esta época de crisis que el Ejecutivo no llega a asimilar, me parece una falta de respeto hacia mi, y hacia el resto de ciudadanos, desperdiciar el dinero de mis impuestos en pagar el sueldo de una mujer tan insustancial como esta Aído. Cada vez que aparece en la tele o en la Prensa -no muy seguido afortunadamente- siento vergüenza ajena.

16 junio 2008

A Zaragoza la Expo le queda grande

¿Puede la puerta de un gabinete de acreditaciones para la Prensa recibir a los periodistas de cualquier rincón del mundo con un cubo de la fregona, y las botellas de lejía, y amoníaco a modo de guardias? ¿Puede ese espacio, por el que pasarán los portavoces internacionales de noticias, convertirse en un guardamuebles de trastos viejos que da pena mirar? ¿Pueden los empleados ineptos de ese despacho, no saber cómo enfrentarse a un ordenador o no ser aptos para encontrar una solución alternativa a un profesional de una revista que está allí sólo por un día para informar de la apertura de un gran evento como la Expo y que ha tenido un problema con su acreditación? En Zaragoza sí. Pena, penita pena la imagen tercermundista que da la organización, cuando tiene una oportunidad única para que los ojos del planeta se posen en el acontecimiento que ha puesto en marcha. 
Rodeada de edificios “inventados” por algunas de las firmas más prestigiosas de la arquitectura actual, la Expo da pereza por su nula capacidad de organizar un gran acontecimiento como el que le ha tocado en suerte. ¡Qué decepción! A Zaragoza la Expo le queda grande. Casi nadie en la ciudad sabe ni qué, ni cómo, ni donde. Los taxistas, por ejemplo, aún deben estar buscando dónde le han podido poner la parada para dejar y recoger viajeros. Pero el colmo del paletismo, a modo de perro del hortelano que no come ni deja comer, llegó con la audacia de una (supongo que buena) periodista local, que a fuerza de aburrirse de contar todos los días un poco más de lo mismo, destapó una "gran exclusiva" (ante sus ojos e imagino que ante los de su periódico) frustrando con la publicación de su trabajo la llegada de personajes como Karl Lagerfeld, Donna Karan o Elton John, entre los más populares de una larga lista de personas ilustres. Si hubiera que definir la historia como el enfrentamiento de una David contra una Goliat, no sé muy bien quién sería cuál. Resulta que Zaha Hadid, con motivo de la inauguración de su Puente Pabellón, había organizado una cena “íntima” para sus amigos, sólo unos 200 invitados. Pues bien, la diva de la arquitectura quería un escenario acorde a su prestigio y con tal objetivo organizó el evento en el palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón. Se trata de un monumento protegido, no apto para saraos privados. ¿Qué ocurrió? La sagaz periodista se enteró en casa de la modista (¿dónde mejor?... Tal vez en una peluquería) de una de las invitadas zaragozanas, que el evento en lugar de ser un sencillo cóctel sería una cena de toma y daca a la altura del personaje que lo organizaba. “Eso está muy mal” habrá pensado, “pero qué bien” tengo una exclusiva de cojones”. Feliz de la vida, publicó el rumor y tuvo sus cinco minutos de gloria entre sus vecinos, consiguiendo que la reunión, por imperativo legal se celebrara no en el palacete deseado, sino en el Ayuntamiento. Belloch, admirable. Zaha que había reservado vuelos, hoteles y demás parabienes para su “pandilla”, aceptando las reglas del juego, celebró su fiesta con los maños, paralizó la llegada de sus amiguetes y en su lugar se llevó a todo su equipo al sarao. Ya se sabe, “dime quién eres y sabré que las cosas sólo se hacen a tu manera”. Desde luego sé por una fuente muy cercana a la arquitecta iraquí que no quiere volver a oír hablar de Zaragoza. La capital aragonesa, no pasará a la historia por sus interesantes iniciativas, morirá en la gloria siendo una vulgar capital de provincia. Por una tontería desperdició la ocasión de que personas que dificilmente llegarán a visitar la ciudad, acudieran como un ejército a ella. Y no es que tenga nada a favor de las celebrities, pero allí dónde van arrastran a otro pelótón de fotógrafos y ellos, con sus imágenes promocionan y dan que hablar en todas las revistas del mundo, por ejemplo, de una ciudad como Zaragoza, que no suele salir en los papeles por su glamour y de un evento que debería ser tan puntero como su Expo. Los maños se lo guisan, los maños se lo guisan. Al menos les quedará el Puente Pabellón ¡Una gozada!

22 marzo 2008

Siguiendo a Arlt

Eugenio Karl salió aquella tarde de domingo a la calle diciéndose: “Es casi seguro que hoy me va a ocurrir un suceso extraño”, y tenía razón. Lo primero que hizo fue para en el kiosco de revistas y descubrió que, debido a la hora que era, ya no quedaban ejemplares del periódico que solía comprar. Con cierta resignación, compró uno de la competencia, edición que detestaba por considerarla tendenciosa y diametralmente opuesta a su punto de vista sobre la vida. Mientras caminaba hacia la terraza en la que pensaba disfrutar del sol y la lectura con una cerveza, comenzó a hojear el diario para adelantarse a ver si en ese mar de letras sin fotografías podía descubrir algo que mínimamente le llamara la atención. No sólo le encontró, sino que se quedó paralizado por lo que estaba leyendo. El titular de una noticia que apenas abarcaba media columna ponía: “Manuela Karl, acusada del asesinato de su hermano” En silencio, de pie y negando con la cabeza se dispuso a leer toda la noticia. “Manuela Karl, hija de Eugenio Manuel Karl, el prestigioso estadística que ha marcado toda una época en nuestra historia, ha sido acusada de fraticidio al acabar con la vida de Eugenio Karl, su único hermano. Según fuentes policiales, esta ama de casa, soltera y de 37 años, le asestó 16 puñaladas a la víctima en plena calle Hijos de Adán, ante el estupor de la gente que pasaba por el lugar. La presunta homicida fue detenida de inmediato por un policía de paisano que estaba allí, siendo testigo directo de los hechos. Aunque la investigación prosigue abierta, los primeros indicios apuntan a que podría tratarse de un crimen pasional. Eugenio Manuel Karl, conmocionado por el suceso, se ha negado a hacer ningún tipo de declaración al respecto”. Hasta ahí llegaba la información. Eugenio, anonadado por lo que acababa de leer, hacía mentalmente un recuento de su propia vida. Tenía una única hermana llamada Manuela, que era ama de casa, soltera y de 37 años. Desde luego él se llamaba Eugenio y era su hermano. Pero si estaba leyendo el periódico significaba que estaba vivo y por lo tanto, nadie le había asestado 16 puñaladas ¡16 puñaladas! Eso sí que era alevosía y si bien la relación con Manuela no era la ideal, el odio quedaba fuera de ella. Ante semejante falacia, algo preocupado por el tema pero corroborando que aún respiraba, pensó, que esta era una razón más para no volver a comprar el periódico y se estaba arrepintiendo de haberlo hecho ese mismo día. Sin dejar la cuestión de lado, retomó su ida hacia el bar para tomar su cerveza dominical. Desde allí llamaría por teléfono a su hermana para ver si estaba al tanto del asunto. No hizo falta que lo hiciera. Mientras atravesaba una terraza atiborrada de gente que disfrutaba del sol primaveral y, estando a dos calles de su destino, para su alegría se topó de frente con Manuela que iba en dirección contraria con una bolsa con una barra de pan en una mano y con el periódico que él solía leer bajo el brazo. En un primer momento le pareció que ella se hacía la distraida intentando esquivarle, pero ante su sonoro “Manuela ¡qué casualidad! En este preciso momento estaba pensando el llamarte” la mujer no tuvo otra opción que detenerse. Con un gesto de odio acribillador, Manuela, quitándole con desprecio la mano que Eugenio había apoyado sobre su hombro, le espetó: “Canalla, hipócrita ¡desaparece de mi vista!”. El hombre, desconcertado, le cerró el camino que ella intentaba proseguir sin hacer ningún otro comentario. -Manu ¿qué te sucede? Espera, quiero que veas esto… -Olvídame cerdo y déjame pasar. ¡No sé cómo te atreves a hablarme! -Manu, tranquila, quiero enseñarte una cosa, te juro que vas a alucinar… -No tienes nada que enseñarme para que alucine. Ya he alucinado mucho más de lo que esperaba contigo. No creo que puedas sorprenderme ni más ni peor ¡esfúmate! -Espera, dame un minuto, sólo un minuto. Este periódico publica que tú me has asesinado… -… ¡Ganas no me faltan cretino! Deja de decir gilipolleces, no me hacen gracia. Te pido por última vez que me dejes pasar, soltó la mujer empujando con brusquedad a su hermano. -Que no es ninguna gilipollez ¿qué te sucede Manuela? Déjame que te enseñe la noticia… -Ese periódico es tan mierdoso como tú, no me extraña que lo leas. En lugar de enseñarme eso ahora, me hubiera gustado que hubieras tenido cojones para enseñarme cuáles eran tus asquerosas intenciones con Marta, desgraciado… -¿Marta? ¿qué Marta?… Martaaaaaa… ¡¿La tía de la agencia de viajes?! ¿Qué tiene ella que ver contigo? -Tú continúa haciendo el idiota, te queda de perlas… ¿Qué tiene que ver conmigo? ¿Acaso no sabías que llevábamos tres años viviendo juntas? Pues si no lo sabías, ya es tarde. Me ha dejado… -¿Me estás diciendo que eres lesbiana y que ese adefesio inimaginable era tu novia? ¡Pues te he salvado, hija! Deberías estarme agradecida, porque por conseguir viajar en primera gratis te he quitado un muerto de encima… -¿Sólo lo hiciste por un billete en primera? -De otra manera no hubiera caído tan bajo, te lo puedo asegurar. Bueno, ahora que hemos aclarado las cosas ¿te puedo enseñar la noticia? -¿Todo por un puñetero asiento en primera clase? -¡Ya, déjalo! y mira esto… Manuela respiro profundo, miró a su hermano al tiempo que cerraba los puños y en un visto no visto le quitó el cuchillo a un hombre que, sentado en una de las mesas, se disponía a cortar una tosta de jamón para estrenar el plato que le acababa de servir el camarero. La mujer tuvo tiempo de clavarle 16 cuchilladas a Eugenio, en la que iba a ser la 17 el policía de paisano le saltó encima impidiéndole seguir con su agresión. Eugenio desde el suelo y rodeado de un charco de su propia sangre, apenas con un susurro soltó sus palabras póstumas: “Yo sólo quería enseñarte la noticia… ¡Qué equivocación! Ese espantoso periódico, después de todo, no es tan malo”.

Mi patio

Hace años, después de vender nuestro piso, nos pusimos a buscar algo nuevo y la búsqueda duró largo tiempo. Mi padre, a medida que más inmuebles visitábamos y los meses transcurrían, se iba desganando. La nada que la muerte de mi madre había dejado en él, se iba posicionando, le iba colonizando. Hace años que deseaba una casa con un patio. Había vivido de niña en una casa con un patio y la que imaginaba y deseaba se parecía a aquella. No me contentaba con un patio modesto o construido por imperativo de los planos reglamentarios de un arquitecto. Quería un patio enorme, gris con la más amplia gama de grises: gris claro, gris oscuro, gris blanco, gris negro, gris nostalgia. Quería un patio con una pared divisoria infinita que llegara al cielo y sólo permitiera imaginar los ovnis que nos espiaban, a los terrícolas, sin ser vistos. Quería un patio que nos separara del jardín de los vecinos por una muralla, no demasiado alta, como para poder colarnos si fuera necesario a buscar una pelota perdida o perseguir a un gato. Quería un patio acogedor y lo suficientemente grande para organizar una fiesta de disfraces con buen tiempo; con los rincones pertinentes para hacer confesiones desvergonzadas y un patio lo suficientemente discreto como para camuflar la trama de conspiraciones audaces. Quería todo lo que había en el patio de mi infancia. Con mi padre estuvimos visitando pisos y casas en una multitud de zonas. Nos daba igual el barrio. Yo no le había mencionado el patio porque para él, el que habíamos tenido jamás había existido, nunca lo había pisado. En mi niñez, él vivía nuestro hogar durante el desayuno, la comida y la cena. En todas estas ocasiones estaba presente mi madre y su buen hacer culinario. El salón con la tele y su dormitorio eran sus territorios, donde él se sentía a sus anchas. Mi patio nunca existió en su vida. Era mi zona reservada, la que precisamente me protegía de su autoridad. Yo buscaba un patio, no una casa. Mi padre buscaba a mi madre, tampoco una casa. Su deterioro físico y mental le iba avasallando. No llegamos a conseguir nuestro hogar. Él acabó en una residencia, yo he alquilado una buhardilla, muy pequeña y con muchísima luz, pero aún continúo buscando mi patio.

La vida es una cremallera

El viento sopla sin ganas, pero al menos sopla. El calor no es sofocante pero impone su presencia. Hay aire, se respira. En ese paisaje desolado se dibujan con claridad un hombre y un perro, que parecen los únicos seres vivos en el camino de tierra. Es una vía infinita en medio de un campo en el que apenas se percibe la línea del horizonte. Independientes, heterogéneas y salvajes, a los lados de la ruta, una inmensidad de hierbas marcan unas fronteras innecesarias, algo así como nuestros objetivos. El panorama, contemplado con los ojos entrecerrados, se asemeja a una cremallera. La vida es como una cremallera: básicamente se sube y se baja; se abre y se cierra. Ese paisaje es vida. El hombre y el perro son la lengüeta que recorren en su extensión la aparente hilera de dientes. Son ellos los que con su andar abren o cierran las posibilidades de sus vidas. Cómo siempre se encuentra su libertad de decisión. Sólo ellos pueden elegir si seguir hacia delante o regresar hacia atrás. Ese horizonte apenas perceptible es una de las metas a alcanzar. Siempre estará allí y para cumplir sus objetivos ellos, ineludiblemente seguirán andando con la certeza de que nunca alcanzarán la línea pero que de todos modos el camino se habrá recorrido.

Cuento: El ascensor

Llamó al ascensor. Esperó y esperó. Inquieto, miró las agujas del reloj que parecían no avanzar, como rebelándose a contar los 3 minutos con 30 segundos que habitualmente tardaba la maquina en llegar desde la planta baja hasta el séptimo piso. Consideró la posibilidad de utilizar la escalera, pero “¡Esos malditos 140 escalones!” en más de una oportunidad le habían ocasionado grandes disgustos. Por su mente desfilaron algunos de los peores. Recordó, no sin poder evitar un escalofrío, aquella vez en la que se topó con un gigantesco batallón de cucarachas que paseaban a su libre albedrío por lo largo y ancho de la escalera. Él, por puro amor a la naturaleza y coherente con su filosofía de que hasta el más ínfimo ser tiene derecho a vivir, se había ocupado cuidadosamente de esquivar uno a uno a todos los marginados bichos. Una auténtica hazaña, una lucha contra el tiempo para poder llegar a la recepción del edifico y abrirle la puerta al cartero que le traía un paquete certificado. Su esfuerzo resultó inútil y con daños colaterales: la muerte de dos pequeñas cucarachas. En cuanto al envío, con “esos malditos 140 escalones” de por medio, tuvo que ir a recogerlo a Correos unos días más tarde. “¡Maldita comunidad! ¿Cuándo se dignarían a arreglar la cerradura del portero automático?” No le llevó demasiado tiempo evocar también aquel lunes, a las 01.45 horas, en el que se había quedado sin tabaco y por no poder aguantar el ‘mono’ esperando, una vez más al ascensor, había bajado volando las escaleras. “¡Si no fuera un fumador empedernido, hoy seguramente no sólo tendría los pulmones más limpios y menos tos, sino que sería un hombre casado!”, se reprochó en silencio. En aquella nefasta noche encontró a su novia – a la que había despedido pocos minutos antes en la puerta de su casa- morreándose con el vecino del 3º. “¡Los que tanto hablan del misticismo de los hindúes deberían tener uno como vecino! ¡Esto de vivir en un país tolerante no hay quién lo aguante! ¡Encima, y por norma, tienes que soportarles siempre con ese apestoso hálito a incienso y una cordial sonrisa a flor de cara!” Alfredo continuaba echando de menos la aparición del ascensor mientras como en una seguidilla vertiginosa de imágenes, titilaban en su cabeza desde la vez que se pringó con la caca de un perro –y eso, teniendo en cuenta que los animales estaban prohibidos en el edificio-, pasando por el cura que buscaba adeptos en los descansillos, el atracador que no sólo le dejó en pelotas sino que además se llevó la caja de habanos cubanos que le acababan de regalar, hasta la aparición de esa testaruda ninfómana “Qué quien sabe cómo consiguió violarme sin que nadie acudiera en mi auxilio en el pasillo de la primera planta”. Miró el reloj. Habían pasado 17 minutos y 42 segundos desde que llamara al elevador y seguía sin aparecer. Las escaleras, o en su defecto la ventana –ya que con un poco de suerte y puntería podría acabar en la piscina- eran sus dos únicas opciones. Contempló de reojo los escalones y comenzó a sudar. “Ser o no ser”, pensó, “Pero esa no es la cuestión” se respondió. Por las dudas insistió con el botón de llamada aguardando, quizá un prodigio divino que le eximiera de tan grave disyuntiva. De un modo repentino una luz celestial iluminó su entorno “¡¡El milagro se ha hecho realidad!!” se dijo más relajado. Le pareció oír arpas angelicales mientras se abrían las dos puertas automáticas del ascensor que, para su sorpresa llegaba a su destino cargado a rebosar. “¡Qué hacen estos en el último piso si sólo yo vivo aquí”, se cuestionó. Al observar con mayor atención el inesperado ‘pasaje’ descubrió en primer plano a la ninfómana, luego al cura, al perro, las cucarachas y una indeterminada cantidad de personajes que jamás hubiera deseado volver a encontrar. Tras el raudo recorrido visual salió disparado hacia la escalera, con tan mala suerte que sólo al pisar el primer escalón resbaló por la cera que aún estaba húmeda. Bajó rodando los siete pisos “¡Si tenía razón cuando decía que esta señora de la limpieza es un desastre!”, gruñó para sus adentros, “¡Habrá que ver cuándo esta maldita comunidad se decide a despedirla!” pudo pensar antes de que sus ojos se cerraran al llegar a la planta baja.

24 noviembre 2007

Estoy confusa... Con la revolución de los clones

Algo está fallando con los asesores de imagen o ¿será cuestión de los telediarios? Aparece Rajoy dando un diszcurzito de los zuyos, con ese zezeo tan personal e intransferible y lleva una camisa celeste, sin corbata, y el primer botón desabrochado. Detrás de él, se ve el coro de PPros con el mismo uniforme. Siguiente información: aparece ZP, sin sesear y discurseando sin perder su desgarrado (por no tener garra) talante y lleva una camisa celeste, sin corbata y con el primer botón desabrochado. Detrás suyo, se ve el coro de PSOEros con el mismo uniforme. Cambio de confusión difusa en otra noticia: manifestaciones simultáneas de los jóvenes de la ultraderecha a mucha honra y los progres pacifistas y todo lo contrario. ¿Será por el invierno? Los dos bandos van con pantalones pitillo, cazadoras militares, botas prepotentes, pasamontañas ocultacaretos e insultando al compás de gestos violentos... Difícil distinguir cuáles son quienes, a no ser por las banderas, pegatinas o pancartas que portan. Todos, políticos y juventud, hacen lo que hacen por el bien de España... Mami ¡Qué miedo me dan! Otros, como Bush, Chávez, el Papa o el iraní Mahmoud Ahmadinejad al menos van de ellos mismo, son únicos e identificables.

25 octubre 2007

Sabiduría indoamericana

"Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero".

12 septiembre 2007

Cuando existía el tiempo de las ideas

Hubo un tiempo en el que las ideas eran entes emancipados. Existían y paseaban por los esquemas, como nosotros lo hacemos por las calles. Una de sus rasgos más destacados era su sociablidad. Si por ejemplo dos ideas vecinas se encontraban en el mercado, su lugar predilecto para adquirir incentivos, motivaciones e ilusiones frescas con las que alimentarse, se ponían a conversar la mar de tranquilas, ni el tiempo, ni las prisas las condicionaban. Era ese momento en el que intercambiaban novedades sobre la adquisición de los últimos conceptos de la semana y, por supuesto, cotilleban sobre lo que la idea Deseo había hecho o dejado de hacer, su satisfacción o su fracaso, o cómo la idea Boli se había enrollado con un súpertesis, cosas tan cotidianas como las nuestras. Al igual que los humanos, ellas también tenían sus virtudes y sus defectos. Lo mejor, su capacidad de renovación. Lo peor, la envidia, que ni bien las intoxicaba, hacia que se perdieran en la copia. Otras, al no poder superarla, se emborrachaban y, sin más, se desintegraban perdiéndose en la nada. Un día, su país fue asolado por una tormenta de competitividad. Todo se tornó muy grisáceo, y la Materia Gris se autoproclamó como la Reina de su comunidad. La evolución y las revoluciones que siguieron a tantos sucesos hizo que sólo las ideas realmente buenas dejaran huella y consiguieran un lugar en la historia.